El mejor batman de la historia
EL CABALLERO DE LA NOCHE
Desde el inicio, con la sensacional secuencia de los asaltantes de banco que se van liquidando mutuamente, estamos frente a una película que no se ajusta a los moldes previos. Es cierto que baraja las consabidas reglas del género y que está sujeta finalmente al universo de Batman, pero el director tiene la inteligencia suficiente para recrear esos elementos y ofrecernos un producto diferente.
El atraco al banco -depósito del dinero de la mafia- es una provocación. Un criminal ajeno a las organizaciones delictivas de Ciudad Gótica ataca a las poderosas familias para provocar una reacción inmediata y con ello acarrear la destrucción de Batman (Christian Bale).
Ese criminal capaz de detonar la situación de extremo peligro responde al nombre de Guasón. Y en medio de la aparente sensación de anarquismo que impone tiene la suficiente inteligencia para tramar un plan maestro y manipular a todos a su alrededor, incluyendo al héroe murciélago.
Todo ello hace del Guasón (Heath Ledger) el verdadero espectáculo del filme. Y en ello tiene que ver inevitablemente la mitología que se va creando alrededor del fallecido Heath Ledger. Pero quienes pensábamos que todo formaba parte de un truco publicitario para llamar la atención sobre el filme nos equivocábamos. Porque Ledger ofrece una verdadera creación, un personaje que responde en un primer momento a un acertado diseño de sus creadores pero que el actor lo va desarrollando con asombroso dominio de escena. No es un villano, ni un psicópata, ni una simple amenaza para las fuerzas del bien que encabeza Batman. Su Guasón es el mal mismo. Está más allá de lo humano. Es la perfecta encarnación de las fuerzas malignas desatadas para crear caos y confusión. Para corroer y corromper. Es físico y mental al mismo tiempo. Y su poder devastador por momentos parece contaminarnos.
Por eso el filme es en gran parte un triunfo tanto de Ledger como del Guasón. Porque al imponer su presencia como eje de los acontecimientos convierte al universo del filme en una suerte de territorio del mal. Y a ese efecto tan logrado se debe la conclusión pesimista de toda la parábola orquestada por Nolan.
No menos interesante es el personaje del fiscal de distrito Harvey Dent (Aaron Eckhart) que pasa de ser el idealista político, hombre de acción y excelente estratega, a amargada víctima de las circunstancias.
Transformado por el Guasón y convertido en modelo del hombre caído, perturbado desde el alma y cuya búsqueda de venganza lo lleva por el camino sin retorno de la corrupción. Su derrota moral es la de todos y por ello, al final, Batman se inmola a sí mismo, decepcionado por la pérdida del más virtuoso de los hombres. La tristeza del héroe es terrible y nadie como Nolan para plasmarla con absoluta firmeza. Debo confesar el tremendo choque que sentí al contemplar la última escena del filme, cuando Gary Oldman ve alejarse a Batman, convertido ahora en fugitivo. Si Harvey Dent era el más puro de los hombres y su descenso a los infiernos fue devastador para Batman, el destino del superhéroe es trágico y desalentador.
Nolan ha creado con "Batman: El caballero de la noche" un prodigio fílmico que me recuerda en gran medida "El Paraíso perdido", de John Milton, donde el demonio toma por asalto el mundo para corromper al hombre y convertirlo en fugitivo de su propia consciencia. Un filme conmovedor, tremendo en su discurso y cuyo desesperanzador final nos llena de los sentimientos más enc







