la pasion
Busca la pasión que debe mover tu vida. Esa pasión no está ni en cosas materiales ni en el dinero; siempre habrá alguien alrededor tuyo que tendrá más. La verdadera pasión está en las cosas que te llenan desde tu interior y está cimentada en las personas y en las relaciones con las personas, y en cómo serás recordado cuando ya no estés aquí.
Las pasiones más corrientes son el miedo, la envidia, la sensación de pecado, el desprecio de sí mismo y la propia admiración.
El jardinero hacia un recuento pausado de lo que deseaba explicar a una pareja de jóvenes que siendo novios estaban interesados en como cultivar una buena relación, por lo cual continúo diciendo:
Quien no se ama a si mismo no puede ser feliz, es una verdad irrefutable, no se puede dar lo que no se posee. Por ello es importante que aprendamos como lograr ese amor a si mismos sin caer en el egocentrismo y como alcanzar una felicidad controlando las bajas pasiones.
Quien se quiere a si mismo no sigue las malas sendas, no se reúne con quienes son rufianes, se aleja de aquello que le puede causar cualquier daño físico, mental o espiritual, porque es de sabios cultivar lo bueno y eliminar la hierba mala que impide el desarrollo sano de nuestro jardín interno.
No se ha de temer cuando se hace lo correcto y no hemos de sentir envidia de quienes nos aventajan en cualquier cosa, porque cada hombre tiene un lugar exclusivo en la obra divina y nadie es más que otro a los ojos de quien dirige el proyecto universal.
El pecado es la magnificación de los errores y es de humanos cometerlos para aprender y saber enfrentar adversidades, si fuera todo sencillo nuestro mundo carecería de interés, tenemos que librar obstáculos para llegar a la cumbre y solo quienes tiene la fuerza de carácter para salir del pantano llegar a las verdes praderas donde se respira la felicidad. El verdadero pecado es no intentar ser mejor cada día, no hace algo digno con los dones que se nos han entregado, dilapidar la riqueza mental, física y espiritual que poseemos en actos que denigran a la especie humana.
Huir ante los problemas, evadir las responsabilidades, no enfrentar nuestros errores y no enmendar nuestro mal comportamiento son elementos que impiden cultivar nuestro jardín interno, imposible ha de resultarnos ofrecer un ramillete de flores a quien amamos. Porque las rosas más bellas están en el corazón y las gardenias de fragancia deliciosa en nuestro espíritu limpio.
Cuando exageramos en cualquier sentido terminamos agobiados por la falta de control y eso nos lleva al auto desprecio, a la imagen devaluada incapaz de luchar con energía para alcanzar las metas. Nos despreciamos y al mismo tiempo cerramos la posibilidad de amar y ser amados.
Sean buenos consigo mismos y serán buenos a los demás, cultiven su jardín interno y sabrán apreciar el de los otros. Compartir los frutos y las cosas bellas que ofrece la vida es un proceso de auto conocimiento y de tolerancia a la imperfección, es algo en lo que siempre debemos de trabajar para sentir que cada logro nos enriquece y nos acerca al objetivo final de la felicidad compartida, del amor que se expande a todo cuanto nos rodea.
El jardinero se alejo después de despedirse, mientras caminaba lentamente por las sendas del jardín se decía a si mismo.
Estoy envejeciendo y me siento feliz, estoy acercándome al final y me siento seguro, tal vez hice bien mi tarea porque no tengo otra ambición que ofrecer lo poco que poseo.



